Un Colegiales futurista, como la Los Angeles de Blade Runner de 2049, solo que aqui, tan cerca, tan solo 10 años después.
Quien lo hubiera dicho? El barrio y la arena no encuentran su diferencia. El viento castiga todo, levantando las rocas y minerales reducidos a su minima expression: A-RE-NA en todos lados, el barrio desierto, el desierto hecho barrio. El 151 que frenaba frente al sanatorio (la mitad que todavía puede verse, inclinada, dede un medano imponente) sirve como refugio ante el azote del viento.
Todo lo que ha ocurrido en el espacio-tiempo no significa nada, comparado a todo lo que hemos escrito, y una vez más, ambas cosas se entrelazan en mi memoria mientras camino, por Conde, hacia Palpa, y despues Cespedes, y después Zabala, y despues...
Conde al fondo, tantas veces… de dia, de noche…
El sol es casi frio, pero el paisaje naranja de la arena y su luz lo hacen todavia mas apocaliptico. Qué fue de aquellos monos? Cuántas cuadras faltan para la calle Pampa? Todos los pensamientos van y vienen mientras muevo lentamente mis pies y me los miro a través de mis antiparras. Qué fue de Someday My Prince Will Come y de Sketches of Spain? Si tan solo pudiera volver a recorder esas melodias de trompeta…
Loreto… Arredondo… un graffiti contra la parde de una casa en ruinas “Excursio capo…” y abajo, con una letra parecida pero en otro color “Ludmila”. La arena es cada vez mas isnoportable (el viento que la empuja). Olaguer y Feliú, Aviles, La Sanguinaria…
Qué fue de las ballenas? De la estación? Del Almirante Brown?
Estoy cansado, decido frenar y buscar la cantimplora en mi mochila. Avenida de los Incas, y de repente… ruinas, ruinas y ruinas… y de entre medio de los escombros, imponente, impoluta, una estatua suya con su rostro.
Estimado Francisco, si tan solo estuviera aqui para compartir conmigo lo que siento al caminar Conde arriba.
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