domingo, 21 de junio de 2020

Lorem ipsum

Ahora es el momento.


No, no lo es.


Ahora es el momento.


La nieve cae sobre el pasto de invierno de la Plazoleta que aparece al final de la calle Zarraga.


"¡No es una plazoleta!" dicen los más osados.


"Si que lo es..." afirmaba uno, mientras fumaba lo que quedaba de su Camel sin filtro.


No se si es una plazoleta o un cuarto de manzana devenido en un paseo mitad cemento y mitad verde, pero lo cierto es que nunca antes había caído nieve en estas latitudes.


En Copenhague estaban proyectando un documental que hablaba de los inviernos y sus crueldades, de las nieves y las calles de Colegiales.


1, 2, 3, 4, 5... esquinas.


¿Qué tienen en común André Breton, Paul Èluard, García Lorca, Buñuel, Artaud?


El cielo parece estar pintado a mano esta noche.


Los monos andan sueltos, la cuarentena no puede detenerlos.


Los perros comen de la basura y de tanto en tanto duermen con la panza al sol.



Los lunes al sol se llamaba la película de Bardem. Era buena esa película.


Si solo nos miramos el ombligo, solamente vamos a ver un ombligo.


"Para mi napolitana pero sin ajo" dijo y tiró el pucho, aplastándolo con la punta del zapato para apagarlo.


Se metió en la pizzería vacía.


¿Y si apagamos la luz? ¿Es este el verdadero día que apagaron la luz?


Los polos se están derritiendo.


¿Y eso que tiene que ver con la nieve sobre Zarraga?


Los pibes de Sui Generis tomaban de la buena, según el comandante en jefe.


La radio transmite las noticias del otro lado del mundo.


"Te puedo manguear un pucho?"


"Si, pero mira que son sin filtro."










domingo, 7 de junio de 2020

Sucursal virtual

Giraba y giraba. Intentaba controlar mi eje en la caída pero, por algún motivo, no lograba hacerlo. Los nervios quizás? El oxigeno de mi tanque debía estar consumiéndose como una braza en el viento. De pronto (y no entiendo por qué) me acordé de mi casa en Banfield, del veneno para matar las hormigas del jardín, del olor a leña, madera, hojas, quemándose en el fondo. La turbina caía junto a mi, despidiendo humo y chispas, ambos girábamos sin control, sin (aparente) rumbo. Ya debería estar muerto, no entiendo por qué sigo repasando recuerdos en mi cabeza, no entiendo por qué sigo viendo la turbina en llamas girando a unos, escasos, 100 metros de donde yo caía en línea recta y a toda velocidad. Todavía me dolía la muela. Iba a morir y todavía me preocupaba el dolor de muelas. La caída libre seguía. De pronto el cielo oscuro y azul se transformó en un celeste tenue. La velocidad de mi caída empezó a ralentizarse. Sentí que empezaba a flotar, a caer flotando lentamente. Ya no veía la turbina. Solo veía nubes. De repente deje de girar. Caía, flotando, controlando mi cuerpo. Me tranquilicé. Empecé a respirar por la nariz y no a bocanadas. Revisé el oxigeno de mi tanque… nada… 0… vacío… Por qué podía respirar? Estaba en algún tipo de atmosfera? Pero si era una atmosfera… por qué flotaba? O por qué caía lentamente y no en remolinos, estrepitosamente, rápidamente y de forma descontrolada? Las nubes me tapaban la vista, pero después de unos minutos de caída controlada pude verlos en el horizonte: edificios. Modernos, ostentosos rascacielos emergiendo de las nubes. Miré hacia abajo. Nada. Nubes y más nubes, y de repente… agua, el mar (un mar), a unos… mil? dos mil metros de donde estaba? Sentí que me bajaba la presión, que el traje me apretaba, que la caída libre controlada y flotante era cada vez más lenta pero cada vez más insoportable. 
Cerré los ojos e intenté controlarme, respirar. No tenía muchas más opciones.

Pampas