domingo, 7 de junio de 2020

Sucursal virtual

Giraba y giraba. Intentaba controlar mi eje en la caída pero, por algún motivo, no lograba hacerlo. Los nervios quizás? El oxigeno de mi tanque debía estar consumiéndose como una braza en el viento. De pronto (y no entiendo por qué) me acordé de mi casa en Banfield, del veneno para matar las hormigas del jardín, del olor a leña, madera, hojas, quemándose en el fondo. La turbina caía junto a mi, despidiendo humo y chispas, ambos girábamos sin control, sin (aparente) rumbo. Ya debería estar muerto, no entiendo por qué sigo repasando recuerdos en mi cabeza, no entiendo por qué sigo viendo la turbina en llamas girando a unos, escasos, 100 metros de donde yo caía en línea recta y a toda velocidad. Todavía me dolía la muela. Iba a morir y todavía me preocupaba el dolor de muelas. La caída libre seguía. De pronto el cielo oscuro y azul se transformó en un celeste tenue. La velocidad de mi caída empezó a ralentizarse. Sentí que empezaba a flotar, a caer flotando lentamente. Ya no veía la turbina. Solo veía nubes. De repente deje de girar. Caía, flotando, controlando mi cuerpo. Me tranquilicé. Empecé a respirar por la nariz y no a bocanadas. Revisé el oxigeno de mi tanque… nada… 0… vacío… Por qué podía respirar? Estaba en algún tipo de atmosfera? Pero si era una atmosfera… por qué flotaba? O por qué caía lentamente y no en remolinos, estrepitosamente, rápidamente y de forma descontrolada? Las nubes me tapaban la vista, pero después de unos minutos de caída controlada pude verlos en el horizonte: edificios. Modernos, ostentosos rascacielos emergiendo de las nubes. Miré hacia abajo. Nada. Nubes y más nubes, y de repente… agua, el mar (un mar), a unos… mil? dos mil metros de donde estaba? Sentí que me bajaba la presión, que el traje me apretaba, que la caída libre controlada y flotante era cada vez más lenta pero cada vez más insoportable. 
Cerré los ojos e intenté controlarme, respirar. No tenía muchas más opciones.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Pampas